Exploración entre Sombras
11 de abril de 2024
El viento marino golpeaba las ventanas rotas del hospital abandonado, cargado con la humedad salada de la costa. Cada paso que dábamos resonaba en los pasillos vacíos, un eco que se perdía en la inmensidad de este lugar. Habíamos llegado aquí siguiendo un rastro de rumores, viejas historias y notas crípticas que parecían susurrar la sombra de un horror olvidado. Un laboratorio escondido, experimentos que nunca debieron realizarse, y un virus que transformaba hombres en algo peor que muertos. Todo se reducía a este lugar. O al menos, eso pensaba hasta hace unas horas.
Juliette caminaba unos pasos delante de mí, su linterna recortando figuras espectrales en las paredes descascaradas. Era difícil no admirarla en momentos como este. Su forma de moverse, decidida pero silenciosa, la hacía parecer más una cazadora que una investigadora. No necesitábamos hablar mucho; ambos estábamos allí por el mismo propósito, y nuestras preguntas siempre parecían converger en el mismo punto. Me di cuenta de que no estaba solo en esta obsesión por entender los secretos de la Operación Nocturna y sus fundadores. Ella compartía mi hambre por la verdad, pero con una intensidad que a veces lograba intimidarme.
El laboratorio no era más que escombros y polvo. Archivos deshechos por el tiempo, mesas corroídas por la humedad, y frascos vacíos que una vez contuvieron quién sabe qué tipo de horrores. Ninguna prueba tangible, ninguna pista reveladora. Solo los vestigios de un pasado que se resistía a ser descubierto. Pasé horas revisando cada rincón, revisando incluso las grietas en el suelo, buscando algo, cualquier cosa, que pudiera darle sentido a los fragmentos de información que había recogido en Marruecos y Argelia.Pero no había nada. Absolutamente nada.
El callejón sin salida se sintió como una bofetada en el rostro. Después de semanas de perseguir esta historia, todo se reducía a un vacío. Cerré los ojos un momento y respiré hondo, intentando calmar la frustración que empezaba a instalarse en mí. "No siempre se gana," me dijo una vez Rico en uno de esos casos que nos llevaron hasta los límites de la cordura. Pero no se trataba de ganar. Se trataba de entender, de seguir el hilo hasta su origen. Ahora, ese hilo parecía cortado de manera irremediable.
Juliette se acercó, con un ligero toque en mi brazo. “C'est fini, mon chere,” dijo en voz baja. Tenía razón. Este capítulo de la búsqueda había terminado. Ella sabía lo que yo estaba pensando incluso antes de que pudiera decirlo en voz alta. Una complicidad silenciosa que me hizo sentir menos solo en este fracaso.Cuando salimos al exterior, el viento era más frío, como si la propia costa estuviera tratando de empujarme de vuelta a casa. Miré hacia el horizonte mientras el sol empezaba a ocultarse detrás de las olas. España no tenía más respuestas para mí. Este camino se había cerrado, pero algo dentro de mí sabía que no era el final de la historia. El virus zombie había comenzado aquí, pero su sombra había llegado a todas partes. Y tal vez la respuesta no estaba en dónde había nacido, sino en dónde había terminado.
“Es hora de volver,” dije finalmente, rompiendo el silencio. Juliette asintió con una leve sonrisa. “Argentina,” continué, sintiendo una mezcla de nostalgia y resolución en mi pecho. Tal vez el siguiente paso no era un lugar físico, sino las personas que dejé atrás. Alondra, Rico, el resto del equipo... y el Huitranlhue, cuya sabiduría siempre parecía señalar el camino incluso cuando todo parecía perdido.Mientras nos alejábamos del hospital en ruinas, me prometí algo: la historia no termina aquí. Puede que Europa haya sido un callejón sin salida, pero las sombras tienen la costumbre de moverse. Y donde haya sombras, yo estaré para perseguirlas.
El vuelo a Buenos Aires parte pasado mañana al amanecer. Hoy disfrutare de las playas con Juliette.
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