Ecos Domésticos
13 de abril 2024
Mi escritorio, por ejemplo, un caos perpetuo de papeles, libros y tazas de café olvidadas, estaba impecable. Los libros estaban apilados en orden alfabético. Mis carpetas de casos, cerradas y alineadas con una precisión casi militar. Incluso las plantas, que había dejado marchitándose, ahora lucían hojas verdes y lustrosas. Todo, excepto mi habitación.
Ahí es donde las cosas se desmoronan. Literalmente. La cama sigue deshecha como la dejé aquella mañana apresurada antes de salir al aeropuerto. Las camisas colgando de una silla, los papeles esparcidos en el suelo y las cajas sin abrir apiladas en la esquina. Era como si mi ausencia hubiera sido borrada en todo el apartamento, excepto aquí.¿Quién limpia mi casa en mi ausencia? Esta no es la primera vez que me enfrento a este misterio. Durante viajes anteriores, había notado detalles: un vaso que no recordaba lavar, una ventana cerrada que juraba haber dejado abierta. Pero siempre lo atribuí a mi memoria fallándome, o a un vecino bienintencionado con demasiado tiempo libre y poco respeto por mi espacio personal.
Esta vez es diferente. La meticulosidad supera cualquier acto casual de cortesía. Esto es intencional. Calculado. Y aunque debería estar agradecido, hay algo en esta invasión tan ordenada que me resulta inquietante.
Intenté buscar pistas, aunque sabía que sería inútil. Revisé las cerraduras: intactas. No había señales de entradas forzadas. Incluso pensé en instalar cámaras, pero la idea de monitorear mi propio espacio me pareció más perturbadora que tranquilizadora.¿Podría ser una broma? ¿Un mensaje? Si es así, ¿quién lo envía y qué intenta decirme?
No puedo quedarme mucho para averiguarlo, rellenare las despensas vacias y viajaré al norte. He escuchado historias de eventos recientes: luces extrañas en las afueras, un barrio entero en el norte que quedó sin electricidad por tres noches seguidas, y un caso de ganado desaparecido cerca de una localidad rural. Todo suena desconectado, pero mi instinto me dice que hay un patrón. Y ahora, este misterio doméstico se suma al rompecabezas.
No puedo seguir ignorándolo. Mañana temprano, antes de salir a investigar los avistamientos en el norte, tomaré medidas. He conseguido una pequeña trampa: una cerradura nueva, que al abrirse tomara fotografias de quien este parado en mi puerta.
También he dejado un pequeño detalle en mi habitación, una linea de pesca que va desde la pata de mi cama hasta la puerta, si alguien entra en mi habitación lo sabré. Y quedara sentado que entra en mi habitación pero no quiere que lo sepa.
Por ahora, cierro esta entrada con más preguntas que respuestas. Quien sea que haya estado aquí, no es solo alguien con buenas intenciones. Lo siento en cada detalle, en cada rincón ordenado: esto es algo más.

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