Diario de Eugenio Robles 63: Fragmento electrico

Fragmento electrico

17 de abril de 2024



Llegué a San Marcos del Norte, una pequeña localidad olvidada entre colinas desoladas. El pueblo aún se tambalea tras tres días de oscuridad total. No solo se fue la electricidad; todo aparato eléctrico dejó de funcionar. Autos inmóviles, generadores inútiles, relojes digitales congelados a las 00:01 del primer día del apagón.

La gente aquí no habla mucho, pero sus miradas cuentan otra historia. Hay algo quebrado en su semblante, como si hubieran visto algo que no pueden —o no quieren— explicar.

Reuní a algunos vecinos para entrevistarlos. El primero en hablar fue Ricardo Benítez, el herrero del pueblo, un hombre robusto con manos curtidas por años de trabajo. Según él, el apagón comenzó exactamente a la medianoche. Al principio lo atribuyeron a un fallo en la central eléctrica más cercana, pero cuando intentaron encender sus generadores de emergencia, estos no respondieron. Ni siquiera las linternas funcionaban.

"Era como si... algo succionara la energía misma," dijo Benítez, con una voz áspera y cargada de tensión.

Los autos se detuvieron sin razón aparente. Las baterías estaban descargadas, incluso aquellas que habían sido reemplazadas recientemente. “Como si nunca hubieran tenido energía”, murmuró. Lo más extraño: algunos vehículos quedaron varados con las puertas bloqueadas desde dentro, hizo falta romper los cristales para auxiliar a la gente dentro.

Durante el apagón, no hubo viento, ni cantos de pájaros, ni siquiera el habitual zumbido de los insectos nocturnos. Un silencio artificial, denso, como el vacío de una habitación insonorizada. Doña Clara, una maestra jubilada, lo describió mejor:

"Era como estar dentro de una botella cerrada. Todo lo que conocíamos estaba... apagado."

La última noche del apagón, algunos vecinos dicen haber visto luces lejanas en las colinas al oeste. No eran fuegos ni linternas; eran espinas blanquiazules que flotaban en perfecta sincronía. Se movían lentamente, casi explorando el terreno, hasta desaparecer en la distancia.

Félix Morales, un joven que vive en las afueras, afirma haber visto algo más. Una figura alta y delgada que emergió del bosque, iluminada por el brillo de esas luces. No era humana, según su descripción: "Demasiado recta, como una sombra hecha de luz."

Lo extraño es que Morales no recuerda nada después de ese momento. Su memoria se corta abruptamente. Despertó en su casa a la mañana siguiente, con un sabor metálico en la boca.

No es la primera vez que encuentro relatos de fallos eléctricos masivos en zonas rurales remotas, pero este caso es diferente. La magnitud y la extensión del fenómeno, junto con los testimonios de luces y figuras, apuntan a algo deliberado.

Los hechos me llevan a una conclusión inquietante: alguien o algo no solo apaga la tecnología, sino que la anula por completo. No se trata de un simple fallo, sino de control absoluto.

No puedo evitar preguntarme... ¿esto es una prueba de su tecnología? ¿o una prueba de la nuestra? ¿qué estaban buscando? ¿o a quién?

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