Diario de Eugenio Robles 65: Un recuerdo robado

 Un recuerdo robado

26 de abril de 2024



El teléfono sonó justo cuando terminaba de asegurar la cerradura del estudio a las 00:43 horas. Una llamada sin nombre ni número. La voz al otro lado era ronca, cargada de urgencia contenida, seguramente uno de mis contactos en el mercado negro de San Telmo: “Lo hemos visto... está aquí.”

El Huitranalhue.

Un nombre que creí enterrado junto con mi última visita a las tierras frías de Río Negro. Un susurro de leyendas europeas que encontró refugio en la inmensidad salvaje de la Patagonia. Un ser escurridizo, más cuento que realidad... o de eso me había convencido aquella vez.

Antes de salir, abrí la vieja estantería oculta en mi habitación. El libro seguía ahí. Encajado entre polvorientos volúmenes, su cubierta de cuero endurecida por el tiempo y marcada con runas gastadas. Escrito en una mescla de español y noruego antiguo, relataba un viaje imposible: de un mundo feérico, a la Europa medieval, y finalmente a la Patagonia argentina.

El botín más valioso de mi vida... y al parecer ahora, mi maldición.

Lo dejé cuidadosamente en su lugar. Si el Huitranalhue realmente estaba cerca, no quería perder mi único bien de intercambio.

Llame a un taxi mientras la ciudad dormía, indiferente a lo que acechaba en las sombras. ¿Dónde se escondería un elfo de dos metros, con cabello gris como tormenta y un andar tan ligero como el viento?

Un bosque sonaba lógico, pero estába demasiado cerca de Buenos Aires. Aquí, el concreto y el metal devoran los espacios verdes como una bestia hambrienta. Tal vez un parque olvidado o algún predio abandonado en las afueras. Quizás un lugar donde la niebla se aferre al suelo.

Mientras esperaba el taxi, no pude evitar mirar alrededor, escudriñando cada sombra, cada figura solitaria. Algo en el aire pesaba distinto, como si un secreto viejo estuviera a punto de salir a la superficie.

Entonces un mensaje de mi contacto, contundente preciso, Plaza inmigrantes de Armenia, eso estaba en cerca del lago de regatas. El Huitranalhue está realmente cerca, no vendrá solo por el libro.

Vendrá por mí.

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