Diario de Eugenio Robles 70: Juegos y preguntas

Juegos y preguntas

26 de abril de 2024



Había jugado mi carta más arriesgada. Mi reunion programada con el Huitranalhue, descolocó por un instante a Demetri Montenegro. Esa fracción de segundo en la que su máscara se agrietó me reveló más de lo que podría haber dicho con palabras.

No esperaba una reacción tan visceral. Dos golpes suaves en la pared detrás de él bastaron para devolverle el control. Se acomodó la corbata con una elegancia estudiada y esbozó una sonrisa gélida. Ahora estábamos jugando en serio.

“Es usted un hombre lleno de sorpresas, señor Robles,” dijo, con la voz controlada, aunque percibí un leve temblor oculto. El que yo tuviera contacto con el elfo era mucho más de lo que ellos habian obtenido en el sur del pais.

“Sin embargo, me temo que nuestra dinámica no ha cambiado.”
Su mano descansó sobre el documento de confidencialidad, pero no lo movió. “Sus intervenciones son peligrosas. Más de lo que se imagina.”

Sabía que había tocado una nervio expuesto. No era un simple abogado... era un guardián de secretos, y por primera vez desde que nos conocemos yo sabia algo que el no. Respiré despacio y mantuve la mirada fija. “No me imagino muchas cosas, doctor Montenegro. Investigo.”

Aguardé su respuesta mientras analizaba su lenguaje corporal. Manos inmóviles, pero el pulgar de la derecha presionaba el borde de la carpeta. Era un tic de tensión, un detalle mínimo que delataba su incomodidad.

“El acuerdo sigue en pie,” dijo finalmente, con un tono más cortante. “Pero una de las condiciones ha cambiado, queremos toda la información que tenga del Huitranalhue”

Mi corazon empezo a bombear en mis oidos, era ahora o nunca, el buscaba respuestas y yo buscaba la verdad, tome el riesgo sin pensarlo demasiado. “Una pregunta por una pregunta me parece lo más justo, ambos queremos información del otro y sin mí el elfo no aparecerá a nuestra reunion.”

Nuevamente los golpes en la pared tras el. Su galanteria desaparecio un instante pero volvio mermada, con un tono más serio. “¿Cómo supo que se escapó de nosotros en Río Negro?”

Sonreí. “Fui a investigar el avistamiento de un ser que parecia un elfo.” Me incliné hacia adelante. “Eludiendo a sus tropas, caí accidentalmente en su guarida, desde dentro pude verlo internarse en lo profundo de las montañas.” Dejé que mis palabras se hundieran en su mente.

Era mi turno. La pregunta debía ser precisa, una daga que cortara profundo. “Preguntarle para quien trabaja me parece un desperdicio así que... ¿Qué relación tienen Isadora Luna, Ignacio Cruz y Emilio Vargas con ‘Operación Nocturna’?”

La habitación se tensó como una cuerda de violín. El abogado Montenegro me observó con incredulidad... y algo más: miedo. Por primera vez, su mirada se desvió hacia el espejo tras de sí. Dos golpes suaves. Cuando volvió a mirarme, era otro hombre. Su voz sonó más suave, casi resignada.

“Algunos secretos se hunden con el tiempo... y es preferible que se quedaran hundidos” murmuró para si mismo. Había algo en su tono... una pesades, un eco de una historia que se negaba a morir. Isadora, Ignacio, Emilio... nombres que parecían resonar como sombras vivientes en su memoria.

No me respondió inmediatamente. No hacía falta. 

Ya sabía que estaban conectados, de una manera que aún no terminaba de comprender... pero lo haría.


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