Nueva realidad
14 de Junio de 2024
—¿Qué ocurre exactamente cuando amanece? —pregunté, intentando comprender la conexión entre su existencia y ese extraño artefacto.
Ella inclinó la cabeza con elegancia.
—Cuando el primer rayo de sol toca el relicario, siento un… cansancio irresistible. Como si la luz me reclamara. Me duermo y… desaparezco.
Mis pensamientos se aceleraron. ¿Qué ocurriría si evitábamos que el relicario recibiera luz? Propuse encerrarlo en un cajón, protegiéndolo del amanecer. Tal vez, de ese modo, Alondra podría permanecer en este plano sin la interrupción constante del día.
Ella frunció el ceño delicadamente.
—Señor Robles, —dijo con tono paciente, como si explicara algo obvio—, si la luz del amanecer me ha dormido durante más de un siglo, ¿qué me garantiza que no hará algo peor si la privamos de su curso natural? Podría desvanecerme… o quedar atrapada en algún… lugar intermedio.Su razonamiento era impecable. Los misterios paranormales rara vez obedecen a la lógica humana, y jugar con fuerzas desconocidas siempre trae consecuencias. Sin embargo, mi curiosidad superó mi prudencia.
Guardé el relicario en un cajón cerrado de mi escritorio, asegurándome de bloquear toda posible entrada de luz. Alondra me observaba con mezcla de intriga y desconfianza.
—Si algo sale mal, señor Robles, lo culparé a usted.
Esperé con ansiedad. El amanecer llegó, y, por primera vez desde que la conocí, Alondra no desapareció.
Ella seguía allí, de pie junto a la ventana, observando la ciudad bañada en luz dorada. El resplandor del sol matutino le daba un aire etéreo, como una figura salida de un cuadro clásico, pero completamente real.
Nos miramos, compartiendo una incredulidad mutua. Habíamos vencido una regla impuesta por el tiempo mismo… o al menos eso parecía.
Salí por la mañana para hacer algunas diligencias, aún procesando lo sucedido. Regresé por la tarde, agotado, con los hombros tensos y los ojos ardiendo de cansancio. Al entrar, la casa estaba en silencio absoluto.
Abrí la puerta de mi habitación.
Alondra dormía profundamente en mi cama, su figura delgada envuelta en mantas, su respiración tranquila como la de cualquier persona viva. Su vestido moderno cuidadosamente doblado en una silla cercana.
Me quedé congelado, la imagen tan natural como desconcertante. Ella se movió levemente, murmurando algo en sueños. El escenario tenía un aire absurdamente doméstico… y profundamente humano.
Mientras cerraba la puerta con cuidado, una nueva realidad me golpeó. Si Alondra iba a quedarse en este plano… necesitaríamos nuevas reglas, nuevas rutinas... y otro lugar para dormir.
Nada en mi investigación me había preparado para esto.




Comentarios
Publicar un comentario