La cita llegó más rápido de lo esperado. Demetri, el abogado de mirada afilada y modales impecables, se presentó en mi puerta. Alto, elegante, con ese aire de autoridad que lo hacía destacar incluso entre los tiburones legales más astutos. Vestía un traje gris impecable, y su reloj de bolsillo brillaba como un anacronismo deliberado.
—Señor Robles, —saludó con su tono meticuloso— Pensé que esto sería sobre nuestro... amigo en común.
Me tomó un segundo entender que hablaba del Huitranalhue.
—¿Qué pasó con él?
Demetri sonrió ligeramente, ese gesto medido que nunca llega a los ojos.
—Fue trasladado a un bosque remoto en Río Negro. Ahora sirve como guardián de aquel lugar… a cambio de su libertad parcial.
Me crucé de brazos, procesando esa información. El Huitranalhue, una de las criaturas más temidas y veneradas del sur argentino, ahora custodiaba un bosque. Una solución práctica… y peligrosa.
La Confesión
—No es por él que lo llamé.
Lo invité a pasar. Nos instalamos en la mesa del estudio, donde aún reposaban "El Legado Caramaso" y un mapa de Buenos Aires lleno de anotaciones mías y de Alondra. Su curiosidad creció visiblemente cuando vio el libro.
Respiré hondo. Era hora de contar la verdad.
Le relaté todo: la casona Caramaso, el relicario robado, Alondra apareciendo en mi departamento, viva, atrapada por un objeto que no entendía completamente. Su rostro permaneció imperturbable, pero sus ojos revelaban algo más: comprensión.
Cuando terminé, Demetri se inclinó lentamente hacia adelante.
—¿Ella está aquí ahora? —preguntó, con un interés casi académico.
Como si hubiese sido llamada, Alondra apareció en la puerta del estudio, vestida con una blusa moderna y una falda larga, su mirada intensa y llena de desconfianza. Había escuchado nuestra conversación.
—Soy Alondra Caramaso. —declaró, con una mezcla de dignidad antigua y desafío— No soy un secreto que se pueda ocultar para siempre.
El Plan
Demetri la estudió detenidamente, evaluando cada detalle como un fiscal en un juicio oculto. Finalmente, asintió.
—Señorita Caramaso, su existencia es un enigma jurídico y mágico. Si está dispuesta a confiar en mí, podemos encontrar una manera de... regularizar su situación.
Su propuesta sonó precisa... y peligrosa. Era evidente que para él, Alondra era un caso inédito, un desafío legal y paranormal que no podía ignorar.
—No quiero ser un "caso", —replicó ella, cruzándose de brazos—. Quiero ser libre.
Demetri no vaciló.
—Entonces trabajemos para que eso suceda. Pero primero… necesitamos entender por completo los misterios de ese relicario y el alcance del hechizo que la ata. Sin esa información, cualquier intento sería inútil.
Nos miramos, ambos conscientes de lo que eso implicaba: desenterrar secretos que no deberían ser revelados.
Era hora de volver a estudiar "El Legado Caramaso"... y buscar respuestas en lugares más oscuros.
Comentarios
Publicar un comentario